ÁFRICA 815 por Eduardo Mendicutti

En el marco del pasado Festival de Cine Europeo de Sevilla 2014, el Centro de Estudios Andaluces invitó al escritor y periodista Eduardo Mendicutti a presentar nuestra película «África 815». Como introducción, Eduardo nos regaló algunas cuidadas palabras que había escrito tras ver la película. Estamos muy agradecidas de que haya aceptado compartirlas también aquí, en nuestro blog.

He visto ya el documental cuatro veces. Es como una de esas piezas musicales que a uno le gustan mucho y las escucha una y otra vez, porque le conmueve cada vez más y necesita encontrarle una y otra vez algún secreto, algún misterio más, algo que le refuerce la emoción que ha sentido o que le provoque una nueva emoción. Por eso yo he visto la película una y otra vez, la he oído una y otra vez, incluso la he leído una y otra vez.

Lo de haberla visto es obvio.

Y tienen mucha verdad sus imágenes y es es muy necesario su ritmo pausado, que da tiempo al espectador a entrar cada vez más en cada plano.

Lo de haberlo oído es importante.

El texto es importante. Por la naturalidad de lo que se dice. Y porque el diario de Manuel Monsell está bien escrito y muy bien leído. Y por la opción elegida de no contar en general con música de fondo. No es necesario subrayar nada, la emoción llega desde la imagen y desde la palabra.

Y cuando digo que la he leído una y otra vez, me refiero, específicamente, al diario de Manuel Monsell. Porque en ese diario mecanografiado y encuadernado, en esas páginas con algunos párrafos subrayados pero otros sin subrayar, se pueden descubrir cosas que no están en la película y que la completan, la amplían. Apuntes familiares, la existencia de algunos momentos divertidos, consoladores…

Luego está, ya digo, la emoción. Porque los gays de cierta edad sabemos que hemos sido así. O que, aunque no hayamos sido exactamente así, otros muchos sí lo han sido, y reencontrarse con todo eso es muy emocionante.

Y el agradecimiento. A Pilar y a su padre. Porque adentrarse en una historia familiar así es un ejercicio lleno de valor, de riesgo, de honestidad, y, sobre todo, de amor.

La personalidad de Manuel Monsell y su experiencia vital es, sin duda, muy impactante. Y, una vez dentro del documental, el personaje de Manuel Monsell es maravilloso. Tiene una voz fantástica. Y una forma tranquila de hablar que resulta muy cálida, y muy verdadera, con ese poso de dolor, de sentimiento de pérdida, que la hace muy emocionante. Y tiene, por cierto, muy buen gusto: hay que ver cómo son la mayoría de los muchachos de esas fotos… Y digo la mayoría porque, claro, en esto interviene mucho el gusto personal. Digo, mi gusto personal.

Sobre la emoción, tengo que destacar algunos momentos que resultan particularmente intensos.

Cuando vemos por primera vez a la mujer de Manuel y madre de Pilar. En esa foto de boda, mientras se lee esa dedicatoria de los diarios en las que late la pesadumbre y la petición de perdón y de comprensión.

Cuando la vemos a ella por segunda y última vez, en la película turística en súper 8. En el último momento, cuando hace ese gesto con los dedos (“corta”) que uno entiende que va mucho más allá del deseo de cortar la película.

Cuando Manuel comenta con su hija la foto “familiar” con Ahmed, y la reacción de él a la pregunta de ella sobre quién sacaría la foto, y, sobre todo, a la observación de que la foto está desenfocada. Manuel repite una y otra vez “muy bonita”, a pesar de todo…

Manuel acariciando a su perro mientras suena la pieza de Chopin interpretada por Rubinstein…

Las observaciones de Manuel sobre la diferencia de edad entre él y sus amores… Y esa especie de consuelo que busca, también retrospectivamente, cuando dice que esos muchachos no le amaron, no estuvieron enamorados de él, pero sí le tenían aprecio, cariño, agradecimiento.

Y esos planos finales, en el apartamento de la costa malagueña o granadina, no sé, desde el que se adivina África, se inventa África, se recuerda África, se sueña África… el paraíso africano. Y ese dolor del corazón que parece imposible aliviar con pastillas…

Por último, sobre el agradecimiento, tengo que decir que, como gay, como parte del colectivo LGTB, y como español y como andaluz, cosas como este documental hay que hacerlas. Porque es la manera de proteger nuestra memoria colectiva, de conservarla, de transmitirla. La realidad del colectivo LGTB ha cambiado mucho, sin duda, en estos años, aunque todavía queda mucho por hacer, y todavía hay que estar alerta, pero lo que hemos sido hay que recordarlo y conservarlo en libros, en películas, en obras pictóricas… Porque es nuestra vida, y no sólo la del colectivo LGTB. Esto que hemos visto forma parte de todos nosotros, de todos y de todas.

Muchas, muchísimas gracias, Pilar.

Eduardo Mendicutti, escritor y periodista. Noviembre 2014.

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